abr 2011 19

Artículo de macula fanzine #13 “Sueños”

Por Wang

1.

La noche de aquella muerte trágica de Pepin, suceso que en ese entonces desconocía por completo, me encontraba en una casa grande que por alguna razón se me hizo muy parecida a una donde mi abuelo vivió por muchos años en El Cerrito y que, me guste o no, prácticamente me vio crecer. Este lugar estaba habitado por una extraña aparición de una niña muy pequeña que al parecer molestaba a los que allí vivían.

Tuve la fortuna de verla aparecer repentinamente junto a la cocina y justo delante de la puerta que llevaba al patio. Mi reacción inmediata fue tomarla y alzarla como a un bebé para luego caminar por el pasillo hacia la parte delantera de la casa donde se encontraba la sala. Allí estaba sentada mi mamá y otras personas sin rostro en una escena muy típica de “recibir visita”, pero no se percataron  de mi presencia con la niña que en ese momento me miraba mientras seguía suspendida frente a mí.

La escena empezó a desvanecerse y una luz brillante de color dorado apareció en su sitio para luego quitarme a la niña de mis manos y llevarse a aquella pequeña criatura a un mejor lugar.

2.

El día después de la muerte de Pepin me encontraba en una casa grande, muy al estilo de las que alguna vez fueron propiedad de la clase alta bogotana, por allá en Palermo o Teusaquillo. No es claro lo que hacía en aquél lugar. Sólo recuerdo que estaba acompañado por una persona de baja estatura, una “sombra” de fisionomía infantil.

En medio del recorrido por la casa llegamos a una zona donde vimos un gato que me sorprendió y enterneció. Pasando por un lado de mi inmutable sombra amiga, este curioso animal empezó a maullar. Los maullidos cada vez aumentaban de intensidad, haciendo una especie de resonancia en el espacio donde estaba, como si los pudiera escuchar tanto dentro como fuera de él. Los sonidos se deformaban en algo más y más ininteligible.

De repente, aquella resonancia llega a un nivel tal que me transfiere de aquél oscuro recinto a mi propia habitación, donde me podía observar desde arriba mientras dormía sobre el lado derecho. Esta transferencia vino acompañada de una extraña mutación del gato a figura humana. El felino se iba convirtiendo progresivamente en una niña a medida que gateaba hacia mi cama. Mientras dormía dándole la espalda, la pequeña intrusa fue rodeando mi cintura y pude sentir cómo pasaba por encima de mí y se acercaba rápidamente hacia mi cara, sólo para despertar precipitadamente poseído por el pánico.

Fue aún mayor la sorpresa que me llevé al día siguiente cuando una constante rasquiña me hizo descubrir diversas picaduras de pulgas en mi cuerpo.

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